domingo, enero 15, 2017

Mamarrachismos

  Lo confieso. Yo también he visto algún que otro "Salvame de Luxe".  La culpa es de mi amiga Fuensanta Martínez Lozano, que se lo enchufa pa dormir la siesta y a veces me ha pillado en su casa. Y claro, ella se duerme, peo lo que es yo es que flipo en colores con el mamarrachismo de plató. Son personajes espeluznantes. Una mezcla entre zombies y chochonas de plástico, que dan más miedo que Chucky, el muñeco diabólico.

 Las cirugías tienen su parte de culpa, pero también los gestos, las palabras, el guión patético y las exclusivas de personajes que apenas conozco y creo que nadie en su sano juicio se puede creer. Me pregunto qué se fumarán para aguantar tantas horas con los culos pegados a sus asientos de pexiglás, con sus sonrisas de pexiglás y sus tacos de polígono. Mi Fuen utiliza el Sálvame como una dormidina pero no olvidemos que esas mamarrachas/os son seguidos a diario por cientos de miles de espectadores.

 El mamarrachismo también se ha extendido a la política, porque que el PSOE en pleno se ponga de acuerdo para utilizar el término "coser" y "recoser" para hablar de su militancia me deja ciertamente patidifusa. Uno los escucha y parece estar leyendo un capítulo de "El tiempo entre costuras". Imagino a Felipe González, Susana Díez  o Rubalcaba con dedal, abriéndole los ojales a Pedro Sánchez , poniéndoles sendos pespuntes en los ojos y un punto en boca para que calle para siempre. Pobrecito, con lo que prometía: tan guapito, tan enrollado y va a terminar como un parche deshonroso en las memorias del partido costurero español Pero dejemos de auto fustigarnos.

Existen otros ejemplos de mamarrachismo fuera de nuestras fronteras patrias. Hay un cocinero británico que ha decidido echarle chorizo a la paella. El señor de  marras, Jamie Oliver, ha estado a punto de causar incluso un conflicto diplomático. El embajador de Gran Bretaña en España, Simon Manley, se ha visto obligado a salir en su defensa y afirmar que su compatriota no es un patán, sino que, al contrario, hace un "uso innovador de la cocina".

Me pregunto si esto del chorizo va con segundas o es una crítica, ante el afán de Margallo por reconquistar Gibraltar.  "Tú poner bandera en roca, nosotros poner chorizo en paella, jau" No soy fanática de la paella y el arroz pero entiendo el cabreo de los defensores de las tradiciones. Lo importantes es llamar a cada cosa por su nombre y un arroz con muslos de pollo y chorizo es un arroz con muslos de pollo y chorizo.

De paella tiene poco. Pero la cosa no queda aquí. En Japón hay una compañía que comercializa paellas a domicilio. La empresa se denomina Viva Paella y, atención, su reinvención va mucho más allá del chorizonte lejano del cocinero Oliver. Sus paellas llevan de todo. Sólo le faltan unos cromos de Heydi por encima adornando semejante canto al mal gusto: paellas de beicon y ajo. Paella con gratinados (pizza-paella) al curry, a los cuatro quesos. Uno puede encontrarse de todo sobre esas  presuntas paellas: setas, pollo asado, verduras a la parrilla, almejas.

 Como veis, queridos amigos, todavía los hay quiénes nos ganan el campeonato en el mundo mamarracho. España se toma en serio lo que es serio. Las cosas del comer y las cosas del querer. Y lo demás... lo demás es furrufalla. Que esos insidiosos árboles infectos no les impidan ver el bosque de nuestro bonito y querido país. El mamarrachismo es ruido, es fealdad, es falsedad, es cartón-piedra. El mamarrachismo es nada.