domingo, enero 15, 2017

Puta, política, publicidad

 


  ¿Es España un país hipócrita? ¿Siempre? No lo creo. Francamente, el video que promociona el salón erótico de Barcelona es impactante, un gran trabajo publicitario, un audiovisual de factura impecable pero como arma reivindicativa pierde fuelle por todos sitios. Eso sí, ha conseguido su objetivo: todos estamos hablando de la publicidad de marras.

 El anuncio lleva su parte de razón pero como toda publicidad, también su parte de hipérbole. Englobar a toda España en el saco de los grandes hipócritas es desacertado e irreal. Es más, yo hasta me siento insultada ¿Contra quién lanzan esta arma arrojadiza? Porque casi parece un producto del nacionalismo recalcitrante catalán.

  Es cierto, existen guardianes de la moral, inmorales; existen políticos corruptos y asiduos consumidores de porno y lupanar que luego se harán la foto familiar en plan Disneyland. Pero también hay cantidad de personas que consumen porno y sexo de pago sin complejos y, por supuesto, también hay políticos currantes en todas las formaciones y guardianes de la moralidad cuya labor es irreprochable. Si resistir, como dice la actriz Amarna Miller, es limitarse a ser actriz porno y a leer lo que escribe un guión, mal vamos.

  En algunos casos, resistir, es desvestir al sexo de todo el morbo y la estupidez que le ha rodeado siempre. Porque el sexo es bueno. Y si uno disfruta con su pareja ¿Qué necesidad tendrá de buscar algo en un prostíbulo? Ninguna. Pero claro, queridos, es que este anuncio reivindica otra cosa y, por supuesto, está al servicio de una industria muy potente, la del sexo mercantil (No tengo nada en contra, siempre que todo el mundo que oferte sus servicios lo haga de forma totalmente voluntaria).

 Tan en contra estoy del mito del amor romántico como de que el sexo es algo que tenga que ver siempre con ligueros, perversión y oscuridad. Los mejores polvos de mi vida siempre han sido con sábanas blancas y luz, mucha luz natural.

  Amarna ha conseguido el pasaporte directo al estrellato con este spot. La hemos visto ya en numerosas entrevistas, tiene un verbo fluido, es culta y se autodefine también como escritora. Tiene todas las papeletas, sin duda. Al margen de todo eso, a ella le sucede como al anuncio. Su discurso está plagado de contradicciones (encantadoras, por cierto, resulta hasta fascinante), como intentar acuñar un nuevo feminismo pero trabajar en una industria creada por hombres y para hombres en la que la mujer, de momento —y también en su inmensa mayoría —es un objeto de consumo. O, por ejemplo, decir que la construcción del deseo es cultural cuando el deseo se construye día a día, con nuestras vivencias y, claro está, aquí  también entra la cultura, la educación que recibimos, los libros que leemos,  las películas que vemos y hasta los cuentos de hadas.

  Mezclar el sexo mercantil con los toros, la religión y los bancos es mezclar churras con merinas pero es cierto que el resultado ha sido impresionante como reclamo publicitario. Los ingredientes pueden aparecer en cualquier novela best-seller: poder, dinero, sangre y carne, mucha carne.

  Lo mejor del anuncio es que ha abierto un gran debate acerca de temas como la prostitución y palabras como "puta" y le dan al erotismo y a la industria del porno un caché que no tenía. Claro, hay mucho animal de bellota aún por ahí. Hay personas que intentan esconder hasta lo bueno que puede traer el sexo a sus vidas y a la de sus semejantes pero yo prefiero ser positiva. España ya no es tan hipócrita. En todo caso, un poco cobarde.