jueves, agosto 23, 2012

Sexys con 60



Sharon Stone con su novio


Raquel Welch. Sin palabras



Jane Fonda, envidiables 75 primaveras

Las sesentonas son tendencia en las pasarelas. ¿Por qué? Lo tengo claro: porque es un nicho de mercado potente. No en España, claro, con los recortes, las pensionistas no tienen ni para Nivea. Pero hay vida ahí fuera. La modelo Carmen Dell’ Orefice, de anguloso y elegante rostro, anuncia Rollex a sus 83 años; Daphne Selfe, de idéntica edad, es musa de Moschino y Vivienne Westwood; Linda Rodin, con 63, se la rifan en pasarelas y firmas de cosmética. Son señoras con canas, con carnes enjutas, mayores, pero, aún así, perchas de calibre. El que tuvo, retuvo. Ellas lo demuestran.
 Mención aparte merece Raquel Welch. Con su tinte, con sus retoques, sí, pero, qué señora tan impresionante. ¿Y Jane Fonda porqueyolovalgo? En la última entrega de los Oscar dio una lección a todas las pimpollas de veintitantos.
Más joven es Sharon Stone, pero hermosa como pocas. Con 54, luce minifalda y novio 20 años menor, además de un saludable optimismo: “Las patas de gallo les dicen a los hombres que me he reído y que sé perdonar”. A todo esto le encuentro un pero. Desde la Preysler a Patricia Paay, más bellas hoy que en sus años mozos, todas tenían una materia prima de gran  calidad. Buenos genes y proporcionados huesos que cubrir. Como dice mi querida Carmen Posadas – que siempre ha sido y es un pibón— a partir de los 35 años estar guapa es una trabajera. Aterrizemos, bellas damas: lucir como lucen todas las mencionadas es fruto de un esfuerzo constante para evitar el  descuelgue, el engorde y el arrugue. Desde Jane Fonda y sus vídeos de  Aerobic a Raquel Welch, pasando por todas las flacas con canas de la moda.  ¿Qué sucede entonces con las de genética normalita? Pues que para estar presentables la trabajera es doble; y la inversión, ni te cuento. ¿Pasarme la vida  luchando contra el descuelgue y el desarrugue? Prefiero reírme, la verdad, aunque, en ocasiones, mi exacerbado sentido de la responsabilidad, me lo  impide. Les dejo: me esperan 20 kilómetros de bici antes de comer.