lunes, septiembre 24, 2012

Niña tonta



No podía mencionar su nombre, recordar su rostro o algunas de sus palabras sin esbozar un puchero, un amago de lluvia en sus ojos. En muchas ocasiones intentó explicarse por qué alguien tenía semejante poder sobre otra persona. Por qué Bill siempre tuvo tanta influencia en  ella.
Atravesaba una enorme avenida de Madrid, probablemente Goya; O Avenida de América, tan inhóspita en los días fríos de viento, sumergida en el tráfico ensordecedor, como un océano donde le faltaba el aire, y ahí estaban sus palabras. Le recriminaban ese olvido feroz, esa distancia radical que puso entre los dos un buen día. 

Un mal día.

Los luminosos en la noche:semáforos, carteles, los frenos rojos de los coches querían advertirle algo. Ser inflexible no la haría más dichosa. No ceder a la compasión la alejaba de personas que quizá la dañaron pero la herían mortalmente. A ella más que a nadie. "Déspota de pacotilla. Evitas un gesto de compasión y te traicionas a ti misma, niña tonta.  Un día descubrirás que no eres ni tu sombra".

Un mal día.

Accedió por fin a reencontrase con él.
Por no escucharle más, niña autosuficiente. Para alejar los sentimentalismos que no hacían otra cosa que perjudicarla. Los afectos. Esos caramelos de barniz rojo y brillante por fuera y podridos por dentro.

Ya no era la niña que conoció.
"Estás muy guapa".
Ya lo sabía. Ella sabía eso, sabía lo que diría y sabía de sus reproches. A punto estuvo de dejarle con la palabra en la boca en aquella cafetería modernilla y pija cercana a Génova. Un mundo que siempre le fue tan ajeno.

"Estoy muy mal".
Cojones. 
Ya sabía también que le iba a soltar algo semejante, apelando a su sentido de la culpabilidad. Cuarto y mitad de chantaje emocional.

--No vayas por ese camino, Bill.
--Va en serio, niña tonta. Creo que me muero. Pero es mejor así. Hace ya tiempo que no tengo  ganas de vivir
--Has vivido una larga y apasionante vida. Puedes morirte tranquilo si eso es lo que quieres.
--Puedes ser muy cruel.
--Adivina quien me enseñó estas artimañas, mi amor.

Parecía una fulana barata de novelón sudamericano. No podía escucharse decir semejantes burradas sin sentirse aún peor en su fuero interno. El rencor seguía ahí, latiendo fuerte. Un motor que jamás se agotaba. 

--¿Cómo puedes ser tan hija de puta?
--Corta el rollo, Bill, dime que quieres de una vez. No tengo toda la tarde. Te recuerdo que me has hecho perder ya mucho tiempo.
--¿No me perdonarás jamás?
Tentada estuvo de mostrarle la cicatriz en carne viva. Los errores abultados que aún se escondían bajo su blanca piel. Las heridas del alma. El secuestro de su ingenuidad, las mentiras, el enfrentamiento descarnado de los deseos con sus ideales. Sus nobles ideales tirados al cubo de la basura. 
 Bill la hizo mala. Le enseñó a robar, a engañar jóvenes incautos como ella; la enseñó a tejer las redes de la dependencia con otros seres humanos. Bill la utilizaba a ella. Ella utilizaba a los demás. Una rueda vampírica de amoríos y chanchullos.

--No era más que una huérfana idiota y tú me tuviste que meter en tu mierda de mundillo. No quería nada tuyo. Era feliz jugando a ser tu hija.  Nos iba bien al principio. Éramos amigos, éramos legales.

--Pero tuve que enamorarme de ti-- le interrumpió él.

Los fríos ojos de Bill se humedecieron ligeramente.

--Exactamente-- asintió con un gesto de hielo-- Hiciste de mi vida un infierno, querido. Estuve a punto de morir en las calles. Me metiste todo tu veneno. Tus business endemoniados, tus manías, tus adicciones. Y ahora que he conseguido remontar quieres sacarme de mi camino.
--Me muero.
--Eso ya lo has dicho
--Quiero que me ayudes a morir.
--Esto es demasiado, Bill. Siempre abusaste de mi confianza. No puedo hacer algo así. ¿No te puede ayudar un médico? Además
A ella se le quebró la voz de un modo insospechado
--Yo no quiero que te mueras. Me encanta saber que estás vivo y que vendrás de cuando en cuando a darme el coñazo, a pedirme cosas absurdas. Tú no te quieres morir, carajo.
--Que sí, niña tonta. Que estoy muy cansado.
--Vete a un balneario. Con la pasta que me sacaste a mi y a todos los incautos que engañamos tienes para vivir como un marajá.

Se hizo un silencio.

--Búscate una novia--sentenció ella
--Pero, niña, mi niña.
--Te equivocas. Ya no soy una niña y nunca fui TU niña, sólo eran negocios...Papi tonto. Cuídate. El mes que viene, en la próxima crisis pitopáusica ¿me volverás a llamar? Creo que te he perdonado un poquito.

Ella se marchó como una exalación. "Tengo hora en la estheticienne". Le pareció una palabra demodé, como él. A él le pareció que, efectivamente, ya no era una niña

Él se recreó en sus piernas y su culo mientras salía por la puerta. Ella le pilló.
--Bill
--¿Qué?
--Como te conviertas en un viejo verde, te juro que no me vuelves a ver.
--Pues lo llevo claro.

La imagen es de Germán Saez