domingo, enero 15, 2017

Deseo y excitación






Quiero empezar este artículo con una frase del gran Efigenio Amezúa. Mejor dicho, con dos. La primera: sin fantasía no es posible el deseo. Esto tiene una base fundamental. La realidad es producto de nuestros pensamientos. Esto es algo que han dicho a lo largo de los siglos grandes sabios y pensadores. También la inefable Ana María Matute. Los creadores fabricamos universos, realidades. Pero la gran mayoría de la gente también. Todos cuantos leen estos artículos desconocen hasta qué punto tienen poder sobre sus vidas. Nuestro discurso interior, nuestras frases. Todo, absolutamente todo,  fabrica nuestra realidad.

Por tanto, Amezúa tiene razón: el deseo surge de la fantasía. De nuestro discurso interior, de nuestros sueños, de nuestras proyecciones mentales. Querido lector, no lo olvides nunca. Tú tienes el poder. Sólo tú. Nadie más. Construimos minuto a minuto, segundo a segundo. Mucho ojo con los pensamientos que pueblan nuestra cabeza. Con los demonios y fantasmas. Es mucho mejor sacarlos fuera. Crea una ficción, escribe un libro, una obra de teatro, una canción...Pero expulsa las toxinas mentales cuanto antes.

 Más talleres literarios y menos Lorazepán. Más reuniones de amigos, más familia y menos Prozac. Quizá algunos me llamen antigua pero no hay nada como otro ser humano para curar al ser humano. Segunda frase: El deseo no es posible sin el otro. De hecho, no somos nada sin el otro. Esto lo vienen pregonando desde siglos inmemoriales el cristianismo y la Kabalah hebrea. Uno puede excitarse con un zapato de tacón pero no puede desear un zapato de tacón. ¿Y qué hay acerca del deseo sobre uno mismo? Seré muy explícita para que me entiendan: yo puedo excitarme conmigo misma mientras me masturbo frente a un espejo pero ni deseo al espejo, ni me deseo a mi. En el fondo ¿Qué deseo? a ese otro que podría estar al otro lado del espejo y que podría estar mirándome y que, de pronto, escapase de su refugio de cristal para llegar a otro refugio, al de la carne.

 La excitación es una cosa y el deseo es otra. La excitación viene muy bien para calmar ciertos apetitos de un modo rápido y eficaz. El deseo construye realidades. Fabrica palacios de princesas y habitaciones rojas. El deseo tiene nombres y apellidos. Tiene cara, pasado, presente y futuro. Lo que los guionistas denominarían un backstory. Deseas a alguien —Y lo deseas con fiereza, caiga quien caiga y llueva, truene o relampaguee— porque te remueve algo en tu interior. Porque se parece a ti mucho más de lo que estarías dispuesto a admitir.

Somos unos egocéntricos de cuidado: cuando nos fijamos en alguien es porque ese alguien tiene algo con el cual nos identificamos 100%. Y nos atrapa su físico, sí. Sus ojos, olor, nariz boca y cuerpo, pero nos atrapa lo que vemos de nosotros en el otro y, por mucho que busquemos, no encontramos en nadie más.

 Según la Kabalah, cuanto más antigua es un alma, más le cuesta encontrar a su gemela. Quizá esto podría justificar el que muchas personas con el mismo ADN se emparejen. Analicen ¿Qué les gusta de su pareja? ¿Qué tiene de similar con sus ancestros o familiares? Otras veces sucede al contrario y se cumple, chabacanamente, eso de los opuestos se atraen. Según mi opinión, cuando esto sucede, uno siempre huye de algo. ¿Qué le excita? ¿A quién desea? (pero de verdad, pregúnteselo para sus adentros, sin convencionalismos, sin miedos. Nadie le ve, nadie le escucha excepto usted mismo) Si responden a estas preguntas con sinceridad el regalo es una vida más plena y satisfactoria. No está mal ¿verdad?