domingo, enero 15, 2017

Lo Hygge y la ruma




 He tenido serias dudas acerca de cómo iniciar este primer artículo del año. Tras el fiasco de Mariah Carey en Times Square, la reciente maternidad de Janet Jackson, el noviazgo de Jennifer López, el no-vestido de la Pedroche y las predicciones económicas y astrales, sólo resta el bostezo. Nada nuevo bajo el sol, salvo por el hecho que la más pequeña de los Jackson ha sido madre primeriza con 50 años. Guau. Eso es estar enamorada de verdad. Y el milagro del amor pasados los 40 o varios divorcios —como es su caso—siempre me asombra.

 El caso es que con mi estufita halógena a mis pies, mi manta y mi gata ronroneando alrededor; En esta completa soledad, podría sentir envidia de Janet o de Jennifer. Pero no. Creo que no voy a levantar el culo esta tarde festiva de mi pelota de fitness (escribo sentada en una de ellas porque es beneficioso para la espalda) Os puedo parecer la single más aburrida y carca del mundo. Todo lo contrario. Estoy súper de moda aunque no lo sospechéis. He entrado de lleno en la tendencia hygge que procede de Dinamarca; Se pronuncia algo parecido a huga. Perseguir todo aquello que es íntimo y confortable nos hace felices, dicen ellos. O al menos lo dice Meik Viking en su libro Hygge, la felicidad de las pequeñas cosas.

 Vamos, que regresar a la mesa camilla de nuestras abuelas nos pone en primera línea de vanguardia. Paladear un buen vino, darse un baño relajante, la proverbial manta con su sofá y peli son placeres sencillos y "modernos". Lo de vivir peligrosamente se lo dejamos a otras generaciones. Quizá a las de los actuales septuagenarios, cuya vida sentimental es más agitada que la de los cuarentones. Y esto lo sé de buena tinta por los novelones que me cuenta mi madre. Pretendientes atrevidos, citas en la playa, bailes en el "hogar".
A veces creo que la envidio secretamente.

 Pero a lo que iba. Todo esto lo veo genial para un rato. Al rollo Hygge le encuentro varios "peros". La chimenea en nuestro mediterráneo se pone tres veces al año. El vino también me gusta para el invierno y por supuesto el sofá, la manta y la peli. Entiendo que en Copenhague esto sea lo más pero a mi este rollo camastrón me dura tres siestas y hablo casi literal. Una tarde de estar en casa (un día completo me resulta harto imposible) y a la mañana salgo a la calle como un potro desbocao a comerme el mundo. Que quizá esta sea la idea: "hija mía, reserva fuerzas que lo que te ocurre no es pesimismo ni desánimo, sólo cansancio, petarda, que no paras en casa ni un momento. Y cuando estás en casa te da por hornear, escribir, ver pelis hasta que te dan las claras del día y como pilles un novio, ni te cuento, lo agotas a la cuarta cita".

 Lo siento, la hiperactividad es lo que tiene. No se elige. Y lo hygge nos vale para el día que uno está completamente agotado y le duelen los huesos de tanto deporte, la tripa de tanto reírse y de las ingles de tanto fo..., en fin, ya sabéis. Y creo que no soy la única. Que hay varias cosas que nunca podremos importar a nuestra rumbosa y festiva tierra y una de ellas es el clima y las horas de luz solar al año que lo condicionan todo. Queridos, que el 2017 os llene de noches inolvidables y días maravillosos. El sofá y mantita para los nórdicos, para nosotros la fiesta y la siesta.